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¿Por que creo en la efectividad con sentido humano? ¿Qué beneficios me ha dado este enfoque? 1/2

  • Writer: Miguel Gurrola
    Miguel Gurrola
  • Sep 30, 2023
  • 8 min read

En esta ocasión quiero compartir contigo la manera en que fui construyendo una forma de ser y estar en el mundo. Se enfoca en el estudio, la investigación e interpretación de las condiciones que facilitan la creación de valor y el crecimiento integral de las personas, organizaciones, instituciones y sociedad en general. ¿Para qué? Para vivir con esperanza, manejando de la mejor manera posible los problemas y las tempestades de la vida diaria. Es una forma de contribuir a la realización de nuestro potencial con inteligencia, coherencia y consistencia.


Se trata de una propuesta que denomino "efectividad con sentido humano." Su objetivo es ayudar a otros a lograr resultados personales y colectivos con una visión consciente, ágil y orientada a un propósito. Para desarrollarla, inicialmente, me enfoqué en la dimensión humana del desempeño, tanto en el bienestar integral y desarrollo de las personas, como en el impacto social y ambiental derivado de sus acciones. Posteriormente, decidí situar su aplicación en el contexto de las ciencias sociales y administrativas, en particular en las disciplinas del desarrollo humano y organizacional. Partí de la hipótesis de que es posible mejorar la efectividad humana y organizacional uniendo ciencia y humanismo, a través de un uso inteligente de las tecnologías de la información. De esta forma fui construyendo y perfeccionando una metodología práctica, medible y de alto impacto.


Para mí, la efectividad con sentido humano significa alcanzar metas y objetivos significativos a lo largo de nuestro viaje por el camino de la vida, inspirados por un propósito trascendente. Esto implica ser conscientes del impacto que nuestros pensamientos, palabras, emociones y acciones tienen en nosotros mismos y en aquellos que nos rodean. En otras palabras, se trata de ir alcanzando nuestras metas teniendo plena conciencia de lo que logramos y cómo lo logramos, desde un enfoque de coherencia y consistencia con nuestras motivaciones, valores y preferencias.

La base de esta propuesta surge de mi aprecio por el respeto a la dignidad, libertad y potencial de crecimiento que existe en las personas. Creo firmemente en la fuerza interna que nos impulsa a seguir adelante y superar los desafíos, sin importar el contexto económico, político o social en el que nos encontremos.


Me llena de energía positiva ver en mi realidad cotidiana que es posible desarrollarnos, evolucionar, crecer y reinventarnos constantemente cuando existe armonía entre las cuatro dimensiones referidas en los artículos anteriores de este blog: el bien pensar, el bien hablar, el bien sentir, y el bien hacer.

Me siento muy agradecido por el hecho de poder ver cómo algunas personas son impulsadas por su propia iniciativa y voluntad, aunque también existen otras que se mueven por la necesidad de adaptarse en un mundo en constante cambio. Lo importante es que existe algo que nos mueve desde dentro y estoy convencido de que ese impulso bien interpretado y enfocado hacia un buen propósito y metas concretas para realizarlo, es de gran ayuda para nuestro crecimiento y evolución personal. Además, gracias al avance de las tecnologías de la información, todo esto ocurre a una velocidad cada vez mayor.


Los desafíos actuales nos exigen soluciones creativas y efectivas en todas las áreas de nuestra vida.


Hoy en día, no basta con repetirnos unos a otros que todos somos iguales, colegas, hermanos, y que merecemos un trato digno y justo para construir una sociedad mejor.

Creo firmemente que es sumamente difícil que una persona mentalmente sana vaya en contra de valores y virtudes tan importantes como el amor, la justicia, el respeto, la belleza, la prudencia, la fortaleza y la templanza, por mencionar solo algunas. En teoría, hay un buen consenso sobre su relevancia y tienen un buen nivel de divulgación en instituciones educativas y redes sociales, pero en la práctica se hace poco para experimentarlas. Las acciones y los hechos deben respaldar todo aquello que prometemos. Hablar es fácil, lograr resultados no tanto.

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Foto: Basilea, Suiza (2019). Una ciudad fascinante con gran historia y cultura. Por más de diez años he tenido la oportunidad de visitarla continuamente. En ella encuentro una gran inspiración y disfruto mucho cada vez que la visito.


Basándome en mi experiencia de vida, he llegado a comprender que hablar mucho y lograr poco suele ser una fuente de insatisfacción personal. Además, es en mi opinión el origen de muchos problemas que eventualmente conducen a la pérdida de confianza en uno mismo. Nuestra energía es sumamente valiosa y no podemos desperdiciarla en pensamientos, palabras, emociones y acciones que no nos ayuden a alcanzar nuestro propósito de vida. Este propósito debería incluir nuestros sueños y aspiraciones más elevadas. Para lograrlo, es esencial desarrollar la capacidad de interpretar el "espíritu de nuestra época o espíritu de nuestro tiempo" (Zeitgeist).

Trabajando en mí mismo y acompañando a otros en su proceso de desarrollo, he aprendido que al alcanzar nuestras metas y seguir nuestro propósito, nuestra confianza y bienestar integral se incrementan.

Además, creo firmemente que el gran desafío es lograrlo sin comprometer nuestra integridad. No considero que sea una buena idea alcanzar algo a cualquier precio, especialmente cuando ponemos en juego nuestra dignidad como personas. En esto, nuestros valores, creencias, personalidad, historia de vida y la cultura en la que nacimos, crecimos y aprendimos a ver ciertas cosas como normales y otras como anormales, tienen mucho que ver.

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Desde mi etapa de estudiante, siempre he tenido la motivación de buscar el consejo de personas talentosas que puedan guiarme y aportarme conocimientos para mejorar un poco cada día.


Foto: Dr. Juan Lafarga s.j. y Miguel Angel Gurrola. Ciudad de México (2008).



Creo que mi virtud ha sido escuchar y aprender que el proceso de desarrollo humano nunca termina, y que debemos alejarnos de la ansiedad de querer resolver nuestros problemas rápidamente sin reflexionar, actuando por impulso. Agradezco de buen grado la sugerencia de que una vida consciente requiere el uso inteligente de nuestros talentos para encontrar soluciones creativas y efectivas. Además, reconozco que la paciencia, la constancia y la coherencia juegan un papel esencial en nuestro proceso de crecimiento y evolución personal.


Siempre agradeceré la gran disposición de Juan Lafarga para dialogar sobre las dudas existenciales que me generaban estrés en ese momento de mi vida, tanto a nivel personal como profesional. Recuerdo que en múltiples foros, reforzaba un mensaje muy poderoso:

"El desarrollo humano reconoce que la maduración básica del ser humano es hacia la libertad, hacia la responsabilidad y hacia la armonía entre todos los seres humanos, por eso se convierte en 'yo quiero', no es por obligación o culpa que hacemos algo constructivo."

Si quieres conocer más sobre los conceptos y marcos de referencia que le dan vida a este concepto, puedes escucharlo en una serie de tres podcasts en español a los que puedes acceder a través de estos enlaces:





¿Cómo vivo este enfoque hoy y qué beneficios me ha traído?


A nivel personal, he decidido aplicarlo primero en mi salud integral como fundamento para lograr mi propósito de vida y ser un poco más consciente cada día. La salud se aprecia más cuando se pierde o se está en riesgo de perderla. Al analizar la historia de enfermedades en mi árbol genealógico, pude detectar los patrones más comunes y me propuse actuar de manera proactiva desde un enfoque preventivo, para alejarme lo más posible de dichos riesgos. La razón fue simple: sin un estado de salud óptimo, la probabilidad de realizar nuestros sueños se reduce significativamente.


El fundamento de la efectividad con sentido humano, para mí, es la salud y el bienestar integral. A partir de ahí, emergen tres elementos clave en los que me vi en la necesidad de comprender con mucha mayor amplitud y profundidad:


1. Desempeño consciente: Aquí aprendí que mejorar constantemente nuestra capacidad de estar presente, atentos y conscientes de nosotros mismos, de los demás y del entorno es esencial para alcanzar un alto rendimiento. Esto no significa, de ninguna manera, ponerse en riesgo de quemarse (burnout), y además, debe fomentar nuestra capacidad de reinventarnos continuamente. Es importante recordar que el alto rendimiento no implica descuidar nuestra salud y bienestar integral mientras buscamos resultados. Lo denomino consciente porque implica también variaciones en el ritmo y la velocidad con la que actuamos, así como períodos de ocio y descanso para recuperar la energía y mantener la estabilidad física, mental y emocional. Para vivirlo, creo que es de vital importancia desarrollar una visión sistémica, una mentalidad de aprendizaje y una actitud positiva. El desempeño consciente nos permite tomar decisiones informadas, creativas y éticas.


2. Agilidad y liderazgo consciente: se refieren a la capacidad de capturar de manera dinámica y eficiente las oportunidades que surgen en medio de los cambios que ocurren en nuestro entorno. También está relacionado con nuestro nivel de claridad y confianza para resolver problemas con flexibilidad, creatividad e innovación. Además, implica contribuir a la creación de culturas de colaboración, experimentación y mejora continua. Si algo he podido comprobar es que, sin duda, no puede haber agilidad sin estabilidad. Esta estabilidad surge del conocimiento que vamos adquiriendo y que somos capaces de aplicar de manera exitosa en nuestra vida diaria. Un conocimiento que cobra vida y se aplica en nuestra realidad cotidiana aumenta nuestra confianza para enfrentar los desafíos que van surgiendo a lo largo del camino. Por otro lado, un liderazgo consciente implica guiar, inspirar, empoderar y desarrollar a las personas de manera ética, permitiéndoles alcanzar su máximo potencial.


3. Crecimiento con propósito: se refiere a la capacidad de definir y perseguir una visión compartida que tenga un significado y un valor tanto para las personas como para la sociedad. Implica tener un propósito trascendente, valores y objetivos alineados con dicho propósito. También implica generar un impacto positivo en el mundo. Este tema ha cobrado mucha relevancia en la actualidad, especialmente en el mundo empresarial, pero en realidad es tan antiguo como la historia de la humanidad. Desde los presocráticos, ya existían posturas éticas relacionadas con la búsqueda del sentido de la vida. Si tomamos el ejemplo de los pitagóricos, me gusta mucho cómo los describe Mauricio Beuchot en su libro Ética: "acuciados por su creencia en la otra vida, con la transmigración de las almas, buscaban la purificación de las mismas". Y en el siglo pasado, la propuesta de Viktor Frankl en su obra "El hombre en busca de sentido" ha hecho reflexionar a muchas personas, incluyéndonos a nosotros mismos como autores de nuestro propio destino. Los autores abundan, y somos los autores de nuestra propia vida. Creo que crecer con claridad hacia un propósito nos hace la vida más manejable.


A continuación, te comparto algunos autores y maestros de vida que han influido en mí para integrar esta propuesta:


Quiero mencionar a un par de clásicos de la administración y del desarrollo organizacional que me han influido, entre los cuales destaco a Peter Drucker (1909-2005) y Geert Hofstede (1928-2020).


En el campo de las ciencias sociales y humanidades, me gustaría mencionar a tres autores: Hans-George Gadamer (1900-2002), Adela Cortina (1947) y Mauricio Beuchot Puente (1950).


Con paciencia, disciplina y una constancia inquebrantable durante más de tres décadas de estudio, me he sumergido en el pensamiento y la obra de estos y otros autores.

A medida que profundizaba en su vida y obra, me di cuenta de que me apasiona interpretar las circunstancias históricas, objetivas, subjetivas, individuales y colectivas que dan vida a los procesos de desarrollo humano y organizacional.


En artículos posteriores, te compartiré más sobre mi experiencia trabajando con estos y otros autores, y también cómo he aprovechado sus conocimientos a lo largo de mi vida.

Quiero concluir esta primera parte agradeciéndote e invitándote a reflexionar sobre tu propósito de vida y cómo vas a lograrlo.


Desde mi experiencia de vida, me complace compartir contigo la tesis que afirma que sí es posible lograr un equilibrio entre los logros personales y mantener un nivel óptimo de salud y bienestar integral. Dentro de este contexto, te invito a reflexionar sobre cómo puedes mejorar tu efectividad personal, cuidándote y sintiéndote en un nivel óptimo de realización personal a lo largo del camino que hayas decidido recorrer.


Gracias por tu atención y hasta el siguiente artículo, donde hablaré sobre algunas recomendaciones para hacer de la efectividad con sentido humano algo práctico y aplicable en nuestra realidad cotidiana.

 
 
 

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