Nadie crece solo


Sobre lo que aprendí al descubrir que mi red importaba más de lo que yo creía.
Preguntas que llegaron sin pedirlas.
Nota sobre el estatuto de lo que sigue. Este texto está hecho de tres maderas distintas y conviene decir cuál es cuál antes de empezar. Hay datos verificables, con fuente y fecha, que van citados y que solo ceden ante datos mejores. Hay interpretaciones mías, sostenidas por años de práctica de campo, que declaro como interpretaciones y que ceden ante los datos. Y hay, al final, una imagen que no pretende demostrar nada y que solo pide ser leída como imagen. No las presento como equivalentes, porque no lo son.
Como parte de mi proceso de aprendizaje y desarrollo continuos, han ido llegando preguntas que yo no busqué. Algunas de familiares, otras de amigos, varias de colegas con quienes he trabajado en distintos países, y unas cuantas de personas a las que no conozco y que probablemente no conoceré en persona. Casi todas rondan lo mismo: por qué escribo un blog personal, por qué sostengo un canal de diálogo en audio, y para qué sirve compartir experiencias. Agradezco cada una de esas preguntas, porque me obligaron a ordenar algo que llevaba tiempo haciendo sin nombrarlo del todo.
Empiezo por lo que me parece una constatación antes que una tesis. Somos seres sociales por naturaleza, y esa condición nos lleva a reconocer que necesitamos colaborar con otros para construir un mundo mejor. Al compartir nuestros conocimientos y experiencias nos damos la oportunidad de dar a conocer nuestra perspectiva sobre los temas que son relevantes para nosotros y para aquellas personas con las que colaboramos. No es una idea original mía, viene de muy atrás: Aristóteles la formuló hace veintitrés siglos al decir que el ser humano es un animal político, es decir, un ser que solo se realiza en la comunidad. Tomás de Aquino la recogió después y le añadió un matiz que me sigue pareciendo decisivo, el de que la persona no se disuelve en el grupo del que depende.
Lo que sí es mío, y de eso trata este artículo, es la manera en que esa condición dejó de ser una frase bonita y se convirtió en un método de trabajo.
Por qué continúo escribiendo en mi blog personal.
La idea fue simple desde el inicio: compartir hallazgos y experiencias de vida de manera directa y de viva voz, eso que me ha permitido llegar a ser lo que soy ahora. Soy muy consciente de que aún tengo un largo camino de aprendizaje por recorrer. Me gusta guiarme bajo el principio de una vida simple, que consiste en agradecer por la oportunidad de vivir un día más e irme a dormir cada noche con la certeza de haber servido a los demás y de haber aprendido algo nuevo. Si al final del día tengo la seguridad de haber avanzado hacia la realización de mi propósito, contribuyendo al bienestar integral de las personas con las que me encuentro en el camino, entonces puedo considerar que estoy evolucionando como persona. Para mí, el proceso de lograr algo es tan relevante como el logro mismo.
Por esa razón me enfoco cada día en cuidar mi salud integral y en aprender algo nuevo. De esa manera puedo contribuir a la construcción de un mundo cada vez más consciente, sin ningún afán protagónico que surja del ego cuando este pierde su equilibrio y actúa desde el miedo a no ser aprobado, a no pertenecer o a ser excluido.
Con el tiempo he descubierto algo que aquí declaro como interpretación mía, no como dato: es importante comunicar la propia posición respecto de ciertos temas, especialmente cuando se tiene un rol de liderazgo en cualquier tipo de organización o institución, sea una familia, un grupo de amigos, una asociación, un equipo deportivo o una empresa. Si uno decide no hacerlo, otras personas llenarán ese vacío de información y darán su punto de vista sobre lo que uno piensa, habla, dice y hace. Dicho en pocas palabras, si uno elige guardar silencio en ciertos temas, no faltarán quienes, diciéndose cercanos, hablen en su nombre; algunas veces con buenas intenciones y otras veces con malas o muy malas intenciones. Al no comunicar ciertas cosas se corre el riesgo de ser instrumentalizado, es decir, de que otros lo utilicen a uno como medio para llevar a cabo sus propias agendas. En la medida en que uno satisfaga sus necesidades será reconocido por ellos, y si no lo hace, es muy probable que sea excluido o descalificado.
El hecho es que cada uno de nosotros tiene un valor como persona, y nosotros debemos ser los primeros en abrazar esa realidad y reconocerla. Ahí hay un límite que no negocio, porque es el mismo que sostiene todo lo demás que hago: la dignidad de la persona no depende de su utilidad.
En mi caso, escribir me ayuda a ordenar mis ideas, a vaciarme de la alta actividad mental en la que estoy inmerso por la naturaleza de mi trabajo y a equilibrarme continuamente. Puedo afirmar que me gusta escribir para contribuir a la reflexión sobre algunos temas que captan nuestra atención, nuestra energía, y que nos desafían a adaptarnos a un mundo en el que la dosis de caos e incertidumbre es muy alta. Lo hago desde mi experiencia, sin mayor pretensión que la de compartir para abrir diálogos que aporten un poco de sentido a la vida. Se trata, al final de cuentas, de ejercer la responsabilidad de dialogar para vivir mejor con los demás.
Por qué sostengo un canal de diálogo.
Mi objetivo es tener un medio adicional para compartir los aprendizajes que he acumulado a lo largo de estos años. Estoy convencido de que al compartir lo que uno va aprendiendo se contribuye a la reflexión y al análisis de otras personas sobre los temas que más nos interesan y que le dan sentido a la vida. El podcast Efectividad con Sentido Humano cumple ya más de cinco años y es el espacio donde converso sobre principios de desarrollo humano y organizacional. El blog es un complemento distinto, y conviene no confundirlos. Aquí escribo sobre cómo vivo yo, en lo personal, procurando una vida armónica con esos mismos principios. No es la versión escrita del podcast, es la comprobación doméstica de lo que ahí propongo.
También considero que somos el resultado de nuestras experiencias, las cuales se integran en una historia de vida, y que cada persona tiene su propio camino de desarrollo y evolución. Por esa razón esta plataforma es un espacio para compartir experiencias, donde busco profundizar aún más en los temas que trato en otros espacios de orientación profesional.
Los temas giran en torno a mis pasiones: el desarrollo humano; la ciencia de la personalidad aplicada a mejorar el impacto de liderazgo y la gestión del talento; la cultura como fenómeno colectivo surgido de la interacción de las personas en contextos específicos; y, principalmente, la salud integral. En cuanto a esto último, sigo aprendiendo a integrar el cuidado de mi salud física, mental, emocional y espiritual. No ha sido una tarea sencilla, pero gracias a la disciplina y al permitirme mejorar un poco cada día en esos cuatro aspectos he logrado avanzar. Eso me mantiene enfocado y motivado para sostener este estilo de vida.
Compartir aquí mis aprendizajes, alegrías y frustraciones me sirve para seguir integrando tanto las experiencias positivas como aquellas que no fueron placenteras y que, precisamente por eso, me ayudaron a crecer. Queda mucho por compartir que puede ser útil a las nuevas generaciones que acaban de comenzar o están a punto de iniciar su vida profesional. Dentro de mis pasiones en ese ámbito están las disciplinas del desarrollo humano y organizacional, y me considero afortunado por poder abordarlas desde la investigación aplicada, lo cual me ha permitido adentrarme en la tarea de unir las ciencias administrativas y sociales con el humanismo, a través de un uso inteligente de la tecnología.
Hay una razón práctica que conviene declarar, porque ordena lo que viene. Estoy escribiendo al menos veinte artículos antes de publicar el libro Efectividad con Sentido Humano. No fijo una cadencia pública, porque el ritmo depende del trabajo de campo y prefiero no comprometer una frecuencia que las circunstancias puedan desmentir. No se trata de producir volumen, sino de someter el marco a la intemperie antes de encuadernarlo. Un marco que no resiste la lectura de otros tampoco resistirá el terreno.
El método que me permitió unir ciencias y humanismo.
Con el tiempo he ido desarrollando una propuesta que integra las ciencias administrativas y sociales con un enfoque humanista clásico. Eso ha sido posible gracias a la hermenéutica analógica del Dr. Mauricio Beuchot Puente, investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Desde el punto de vista metodológico, la hermenéutica analógica me ha ayudado a interpretar y reinterpretar textos, ya sean escritos, hablados o actuados. Poner un texto en su contexto ha sido de enorme utilidad, porque aumenta la capacidad de comprender realidades concretas en distintos campos del conocimiento, y eso a su vez ayuda a ordenar, estructurar y dar coherencia a lo que uno piensa, dice, siente y hace en la vida diaria.
Lo importante es que, para no caer en posiciones extremas al interpretar nuestra realidad, existe un método práctico que nos puede llevar a una posición lo más equilibrada y proporcional posible. Ese método ayuda a evitar dos trampas. La primera es la interpretación unívoca, que busca una sola lectura universal, rigurosa y cerrada, propia de un enfoque cientificista o del positivismo lógico. La segunda es la interpretación equívoca, abierta y ambigua, en la que todo depende del contexto y nada resulta comparable, con el riesgo de terminar en el relativismo. La analogía, en el sentido de Beuchot, es la disciplina de sostener la tensión entre ambas sin colapsarla. Es más difícil que elegir un extremo, y por eso mismo funciona.

Traigo esto aquí porque aplica de lleno al asunto de las redes de colaboración, y de una manera que a mí me tomó años ver. Una red construida de modo unívoco es aquella que se forma solo con quienes piensan igual que uno, hablan el mismo lenguaje técnico y confirman las mismas hipótesis; produce mucha comodidad y muy poca información nueva. Una red construida de modo equívoco es la que acumula contactos sin criterio, donde todo el mundo cabe y nadie sostiene nada; produce mucho ruido y ninguna contención. La red analógica es la que mantiene diferencia y semejanza a la vez: gente suficientemente distinta como para traerme aquello que no veo, y suficientemente cercana en criterios como para que yo pueda confiar en lo que me trae.
Gracias a este método, construido por el Dr. Mauricio Beuchot sobre estructuras de conocimiento que han resistido el paso de los siglos, he podido dar orden a aspectos relevantes de mi vida personal y profesional. Desde los presocráticos, donde los pitagóricos jugaron un papel fundamental al interpretar la realidad en términos de proporción, pasando por Aristóteles, Agustín de Hipona, Alberto Magno, Tomás de Aquino e Hildegard von Bingen, y llegando a autores del Renacimiento, la Ilustración y la tardomodernidad que ya va de salida en nuestros días, he podido encontrar lo que más conviene a la realización de mi propósito. Le agradezco a Mauricio Beuchot haberme ayudado a comprender la importancia de saber interpretar las distintas líneas de pensamiento a lo largo de la historia, para no reinventar la rueda y para evitar, en la medida de lo posible, errores que ya han sido muy estudiados y documentados. Su antropología filosófica, en particular, me ayuda a encontrarle sentido a muchas situaciones cotidianas y a la vida misma.
A través de esta narrativa análoga de campo pretendo algo modesto y exigente al mismo tiempo: narrar lo que ocurrió en el terreno, declarar de qué madera está hecha cada afirmación, y dejar que el caso preceda a la tesis. No es memoria, no es ensayo académico y no es literatura de negocios. Es un género intermedio, todavía imperfecto, que continúo afinando aquí antes de llevarlo a los libros.
Cómo experimento cada día un enfoque de vida basado en el propósito.
Al igual que la mayoría de las personas, aprecio cómo este mundo está presentando grandes desafíos, no solo para nosotros sino también para las nuevas generaciones. Para mí lo más importante es seguir viviendo de acuerdo con mi propósito de vida, el cual sigo perfeccionando y reconfigurando cuando mi contexto así me lo indica.

Al mantenerme en un sistema de pensamiento con un buen grado de claridad, orden y estructura, me siento más seguro y motivado para vivir cada día de manera más equilibrada. Contar con el hábito de vivir de la forma más saludable posible es, para mí, el fundamento de todo lo que pienso, hablo, siento y hago.
Para dar contexto a mis experiencias iré compartiendo también algunos de los autores que han tenido una influencia importante en mi estructura de pensamiento. De hecho, creo que el que no tengamos ciertos conocimientos no implica que esos conocimientos no existan.
Que sea consciente o no de algo no altera las leyes que gobiernan la realidad. Ahí encuentro mi argumento vital para no caer en la arrogancia de pretender ser dueño de la verdad.
He tenido la oportunidad de descubrir cosas interesantes y muy relevantes para mi vida. Sin embargo, el hecho de que antes las ignorara no significa de ninguna manera que ese tipo de conocimientos trascendentales no existieran previamente. Desde una edad muy temprana aprendí que hay una fuente primaria de la cual emana todo lo que ha existido, existe y existirá en este mundo. Por eso aprecio y adopto la postura del aprendiz, que se desarrolla, madura y crece a través del trabajo disciplinado, alegre y flexible, buscando armonizar su mundo interior con el exterior. Ese proceso tiene altas y bajas, lo cual lo hace fascinante y al mismo tiempo enigmático. Me ha exigido, y me seguirá exigiendo, paciencia y valentía para avanzar. La vida me ha enseñado que a veces hay que saltar al vacío con confianza en esa fuente primordial que revela los pasos a seguir y las decisiones que hay que tomar.
Soy consciente de que para avanzar liviano de equipaje es necesario soltar aquello que ya no suma, dejándolo ir con gratitud por el apoyo que brindó en su momento. Ya sean cosas materiales, personas o situaciones específicas, todas forman parte de mi realidad. Son medios poderosos que tienen un ciclo, porque en esta realidad material, incluido nuestro cuerpo, que no es eterno. Vivimos en una sociedad que nos invita a tener y a acumular, pero que no nos educa en renunciar a ciertas cosas, situaciones y personas para poder avanzar y evolucionar.
Aquí aparece la primera consecuencia práctica para lo que sigue. Si uno aprende a soltar, también aprende a elegir. Y elegir es, exactamente, lo que está en juego cuando uno construye una red.
Lo que dicen los datos sobre estar conectados.
Aquí cambio de registro y lo advierto, porque el texto pide que cada afirmación diga de qué madera está hecha. Lo que sigue son datos publicados, con fuente y fecha. No demuestran mi tesis; la acotan, y en un punto la corrigen.
El 30 de junio de 2025 la Organización Mundial de la Salud publicó el informe de su Comisión sobre Conexión Social. Sus cifras centrales son incómodas: una de cada seis personas en el mundo está afectada por la soledad, y la falta de conexión social se asocia con unas 871 000 muertes al año, alrededor de cien cada hora (OMS, 2025). Conviene leer esa cifra con cuidado, porque es una estimación de un patrón poblacional y no un recuento de casos. Aun así, la dirección es clara: la conexión social dejó de ser un asunto privado y sentimental para tratarse como un determinante de salud, junto con la dieta, el ejercicio y el aire limpio. El informe llegó después de que la Asamblea Mundial de la Salud adoptara, en mayo de 2025, su primera resolución específica sobre conexión social.
El segundo dato viene del mundo del trabajo. En el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, los empleadores estiman que el 39 % de las competencias centrales se transformará o quedará obsoleto entre 2025 y 2030. Lo interesante, para el asunto que me ocupa, es cuál competencia subió más: liderazgo e influencia social creció 22 puntos porcentuales respecto de la edición de 2023 en la proporción de empleadores que la consideran una competencia central, el mayor incremento de toda la lista (WEF, 2025). Mientras la conversación pública se concentra en la inteligencia artificial, el mercado está pagando por la capacidad de construir y sostener vínculos que produzcan resultados.
El tercer dato es el que me obligó a corregir una hipótesis mía, y por eso lo incluyo. En 2022, un equipo de investigadores publicó en Science un experimento aleatorizado de gran escala sobre el algoritmo de recomendación de contactos de LinkedIn: más de veinte millones de personas a lo largo de cinco años, dos mil millones de vínculos nuevos y seiscientos mil empleos nuevos. El resultado confirmó algo que ya se sospechaba desde los años setenta: las oportunidades de trabajo suelen llegar por conocidos y no por amigos íntimos. Pero le añadió una corrección importante. No es cierto que mientras más lejana sea la relación, mejor funcione. Lo que más sirve está en un punto intermedio, y conviene imaginarlo con nombre y apellido: esa persona a la que uno trata poco, quizá un par de veces al año, pero con la que comparte contexto suficiente como para que se acuerde de uno cuando algo aparece. Los amigos de siempre se mueven en el mismo mundo que nosotros y ya conocen las mismas oportunidades, de modo que rara vez traen novedad. Los casi desconocidos no tienen motivo para acordarse. En medio está la franja por donde de verdad circula la información (Rajkumar et al., 2022).
Declaro el error: durante años supuse que el valor de una red estaba sobre todo en su núcleo cercano, en el círculo de confianza estrecho. El dato dice otra cosa. El núcleo cercano sostiene, y eso es indispensable, pero rara vez es el que trae lo nuevo. Lo nuevo entra por la zona intermedia, por esas personas a las que uno ve dos veces al año y con las que comparte lo suficiente como para que la conversación tenga tracción, pero no tanto como para que ya se sepan todo mutuamente.
Y ahí está, en mi lectura, la confirmación empírica del justo medio. El extremo unívoco de la red, el círculo cerrado de los muy cercanos, produce confirmación. El extremo equívoco, la multitud de contactos anónimos, produce ruido. El punto medio no es una tibieza, es el lugar donde efectivamente pasa la información. Lo digo como interpretación mía, no como conclusión de los autores del estudio, que no se plantearon el problema en estos términos.
Una advertencia metodológica que aprendí a costa de errores caros. Estas cifras describen poblaciones, no personas concretas. Confundir el nivel colectivo con el nivel individual es lo que en ciencias sociales se llama falacia ecológica, y he visto intervenciones costosas naufragar exactamente ahí. Ninguna de estas cifras dice nada sobre usted ni sobre mí.
Dicho lo anterior, conviene cerrar por lo que esas cifras sí afirman, porque es contundente. En el terreno de la salud, la falta de conexión social se comporta como un factor de riesgo de primer orden, del tamaño de los que ya justifican política pública. En el terreno del trabajo, la capacidad de construir y sostener vínculos fue la competencia que más rápido ganó valor entre 2023 y 2025, por encima de casi todo lo demás. Y en el terreno de la movilidad hay evidencia experimental, no solo correlacional, de que la forma de la propia red cambia las oportunidades que a uno le llegan. Tres campos distintos, tres metodologías distintas y una sola dirección: los vínculos no son el adorno de una vida lograda, son parte de su infraestructura.
El arte de discernir con quién se construye.
Aquí vuelvo a la interpretación, y la declaro como tal. Si la red importa tanto, la pregunta deja de ser cuánta gente conozco y pasa a ser con quién construyo. Esa pregunta es de orden ético antes que estratégico, y es la más difícil de responder porque exige separar dos cosas que solemos mezclar: la simpatía y la confiabilidad.
He aprendido, casi siempre por la vía dolorosa, que una red de contención no se arma con las personas que más nos agradan. Se arma con las personas cuyos criterios éticos y morales podemos anticipar. Alguien puede caerme extraordinariamente bien y no ser confiable cuando las cosas se ponen difíciles; alguien puede resultarme áspero, incluso incómodo, y sostener su palabra sin necesidad de que nadie lo esté mirando. La simpatía es una reacción; la confiabilidad es una conducta verificable a lo largo del tiempo. Confundirlas es el error más caro que he cometido en materia de vínculos.
De la ciencia de la personalidad he tomado un criterio práctico. Los inventarios de valores y motivadores, como el Hogan MVPI, describen aquello que una persona considera importante y hacia lo cual orienta su energía cuando nadie la está evaluando. Los valores predicen ajuste; las competencias predicen desempeño. Son cosas distintas, y una red se construye sobre lo primero. Vale la advertencia de siempre: esos instrumentos describen a una persona, no a una colectividad, y las dimensiones culturales de Geert Hofstede describen a una colectividad, no a una persona. Mezclar ambos niveles produce conclusiones convincentes y falsas.
De la práctica de campo he destilado cinco criterios que uso para mí mismo, y que ofrezco no como receta sino como material de trabajo.
1. Coherencia observada. No lo que la persona dice creer, sino lo que hace cuando el costo es real y nadie lleva registro.
2. Capacidad de decir que no. Quien nunca me contradice no me está cuidando; me está administrando.
3. Diferencia suficiente. Si su mapa del mundo es idéntico al mío, me confirmará y no me enseñará nada. Si es completamente ajeno, no tendremos lenguaje común. El punto útil está en medio.
4. Reciprocidad real. Esta la aprendí tarde y en Letonia. Yo venía entrenado para dar, sostener y resolver, y el balance de ese hábito no siempre cierra. Aprender a pedir de manera explícita, y sostener la incomodidad de haber pedido sin compensarla de inmediato con un servicio, ha sido el aprendizaje más difícil de la última década.
5. Cuidado del tercero ausente. Cómo habla de quien no está en la sala es el mejor predictor de cómo hablará de mí cuando yo no esté.
Hay un sesgo del que me cuido especialmente. Suelo leer peor los contextos que me son más familiares, porque creo que ya los entiendo. La familiaridad no es comprensión, y en la elección de vínculos ese sesgo cobra caro.
Quiero decir también algo sobre las redes sociales digitales, sin descalificarlas, porque me son útiles. En ellas circula una cantidad notable de arrogancia y de narcisismo bien empaquetado, y la métrica dominante premia la certeza sobre la duda. Quien afirma sin matices obtiene alcance; quien declara sus límites obtiene menos. Esa asimetría no es un accidente del diseño, es el diseño. Elegir la segunda opción cuesta visibilidad y conserva algo que a mí me parece más valioso, que es la posibilidad de seguir aprendiendo en público sin tener que defender una posición que ya no sostengo.
Por eso agradezco de manera concreta lo que escribir me ha traído. Me he encontrado con personas de las que aprendo muchísimo, de las que no esperaba obtener información, conocimiento ni hallazgos valiosos, y que terminaron reorientando aspectos importantes de mi vida personal y profesional. Casi ninguna de ellas estaba en mi círculo cercano. Casi todas aparecieron en esa zona intermedia que los datos señalan y que yo, durante años, había subestimado.
La cultura es al bosque lo que la personalidad es al árbol.
Cierro con la imagen que anuncié al principio. La declaro como símbolo: no demuestra nada y no pretende hacerlo.

La cultura es al bosque lo que la personalidad es al árbol.
Un árbol tiene su propia forma, su ritmo de crecimiento, su manera de responder al viento; eso es la personalidad, y los instrumentos que la describen hablan de ese árbol y de ningún otro. Pero ningún árbol crece solo. Crece en un suelo compartido, bajo una luz que le llega filtrada por los demás, con raíces que se tocan bajo tierra y que se intercambian nutrientes de maneras que el árbol no elige ni percibe. Eso es la cultura, y describirla exige otro lenguaje y otro nivel de análisis.
La imagen me sirve para decir lo que quiero dejar por escrito. Un árbol aislado no es más libre, es más frágil. Lo que el bosque le da no es compañía, es estructura: protección frente al viento, humedad retenida, temperatura estable, y esa red subterránea que hace que la caída de uno no sea la caída de todos. El bosque no crece por acumulación de árboles, crece por la calidad de lo que ocurre entre ellos.
Por eso creo que construir redes de colaboración es una labor esencial, y no un accesorio del éxito. Los datos que cité apuntan en esa dirección desde tres lugares distintos: la salud, el trabajo y la movilidad. Mi experiencia apunta en la misma dirección desde un cuarto lugar, el del sentido.
Las personas que me han sostenido en los momentos difíciles no fueron las más cercanas por defecto ni las más útiles por cálculo. Fueron aquellas con quienes compartía criterios, y que por lo tanto podían decirme que no.
La invitación, entonces, es a construir esa red de manera intencional y no accidental. A elegir con quién se camina, sabiendo que uno va a ser elegido o no elegido por otros con el mismo derecho. A rodearse de personas que nutran la realización del propio propósito y que ayuden a alcanzar metas en las distintas dimensiones de la vida, no solo en la profesional. No ofrezco un método para hacerlo. Ofrezco la constancia de que a mí me funcionó trabajar primero en lo personal, definir un propósito, fijar metas claras de acuerdo con mis circunstancias concretas, y solo después construir relaciones de colaboración. El orden no es indiferente. Quien construye una red antes de saber para qué la quiere termina construyendo una audiencia.
Preguntas para el camino.
No tengo respuestas para estas preguntas, y esa es precisamente la razón por la que las dejo aquí. Cada una me ha costado tiempo y algún error.
• Si mañana enfrentaras una decisión difícil en cualquier dimensión de tu vida, ¿a quiénes llamarías? ¿Y esas personas lo saben?
• De las tres o cuatro personas que más te han hecho crecer en los últimos cinco años, ¿cuántas estaban en tu círculo cercano cuando las conociste?
• ¿Qué proporción de tu red confirma lo que ya piensas, y qué proporción te contradice con argumentos? ¿Te parece una proporción sana?
• ¿Con cuántas de las personas de tu red compartes criterios éticos, más allá de que te resulten simpáticas o antipáticas?
• ¿Hay alguien en tu vida cuya función sea decirte que no? Si no lo hay, ¿qué te lo ha impedido?
• ¿Qué has dejado de pedir por temor a quedar en deuda? ¿Qué te costaría pedirlo esta semana?
• Si alguien reconstruyera tu trayectoria a partir de cómo te recuerdan quienes trabajaron contigo, ¿qué encontraría? ¿Hay personas a las que convendría volver?
• ¿Tu red sostiene tu propósito, o sostiene tu imagen?
Si alguna de estas preguntas te resulta incómoda, probablemente sea la tuya. Las preguntas que no incomodan rara vez trabajan.
Seguiré compartiendo experiencias en este blog y en el canal de podcast, al ritmo que el trabajo de campo permita, y me dará gusto leer lo que a ti te vayan devolviendo. Si algo de esto te sirve, habrá cumplido su función. Si no, habrá sido al menos un ejercicio honesto de pensar en voz alta.
Nos leemos pronto.
Fuentes de inspiración.
Mauricio Beuchot Puente (hermenéutica analógica, analogía y símbolo) · Aristóteles y Tomás de Aquino (amistad, virtud y justo medio) · Romano Guardini, Ética. Lecciones en la Universidad de Múnich · Adela Cortina (ética cívica) · Hans-Georg Gadamer (diálogo hermenéutico) · Viktor Frankl (sentido) · Geert Hofstede (ciencia cultural aplicada) · Hildegarda de Bingen · la tradición dominica del Studia Humanitatis, desde 1989 · y la literatura aplicada de Hogan Assessments, Korn Ferry, el Center for Creative Leadership y PROSCI, que obligan a que las ideas rindan cuentas en el terreno.
Referencias.
Organización Mundial de la Salud. (2025, 30 de junio). Social connection linked to improved health and reduced risk of early death. OMS. https://who.int/news/item/30-06-2025-social-connection-linked-to-improved-heath-and-reduced-risk-of-early-death
Rajkumar, K., Saint-Jacques, G., Bojinov, I., Brynjolfsson, E., y Aral, S. (2022). A causal test of the strength of weak ties. Science, 377(6612), 1304-1310. https://doi.org/10.1126/science.abl4476
World Economic Forum. (2025). The Future of Jobs Report 2025. WEF. https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/in-full/3-skills-outlook/
Nota de transparencia.
Este texto fue elaborado en colaboración entre el autor, que aporta el encargo, la vivencia, el marco interpretativo (hermenéutica analógica) y el marco de sentido (Efectividad con Sentido Humano), y un sistema de inteligencia artificial generativa (Claude, Anthropic), que aporta apoyo de redacción y estructuración. La responsabilidad interpretativa, editorial y decisoria es exclusivamente humana.
Se declara conforme a APA (2023) sobre citación de herramientas de IA generativa, a la Recomendación de la UNESCO sobre la ética de la inteligencia artificial (2023), al Convenio de Berna y al Acuerdo sobre los ADPIC/TRIPS.
Las cifras citadas describen poblaciones, no individuos. Este texto es una perspectiva personal: no constituye asesoría médica, psicológica, legal ni financiera.
Nota biográfica
Miguel Ángel Gurrola Rodríguez es socio fundador de Conscious Performance GmbH (Königstein im Taunus, Alemania) y del Applied Research Institute TCPS SIA (Riga, Letonia). Estratega de la transformación humana y cultural, es autor del marco de Efectividad con Sentido Humano, que integra ciencias del comportamiento, humanismo clásico en la tradición aristotélico-tomista y uso inteligente de la tecnología. Licenciado en Relaciones Industriales por la Universidad Iberoamericana y maestro en Desarrollo Organizacional por el INESPO, cuenta con certificaciones en gestión intercultural, Hogan Assessments, y con programas de liderazgo en INSEAD. Tras más de veinte años como ejecutivo senior de recursos humanos en Coca-Cola de México, Unilever y Boehringer Ingelheim, entre otras empresas, con exposición a más de sesenta países, dirige desde 2014 su propia práctica de investigación aplicada. Conduce el podcast Efectividad con Sentido Humano. Reside en Königstein im Taunus desde 2012 y trabaja habitualmente en Riga y en México.
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